CARTA A UN LOBO ESTEPARIO (Texto ganador del 2do concurso Mensajes de Amor del C.C. Multiplaza Paraíso en Caracas, Venezuela.)
Caracas,
19 de enero…
Querido Sir. Lobo
Estepario,
Escribo estas líneas para indicarle que intenté comunicarme con usted, por medio de ese aparato maligno que han inventado los hombres con el fin de no atender a mi delicado y sensible gremio. Como no contestó, intenté probar con un aullido, pero no insistí pensando que podría asustar a las personas comunes, como mínimo se burlarían de mí. Es que ellos no entienden nuestro código.
Preferí aguardar pensando que estaría distraído con su aparente vida burguesa, asegurada y llena de deberes. Luego me reprimí un poco más, imaginando que quizás estaría cazando a una cierva... tal vez se hallaría junto a una cálida jauría, o quizás en esa soledad "maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas".
Quisiera evitar inferir mil cosas, y no pecar de ignorante pero ¿cómo he de
corregir el defecto divagante de mi pensamiento? Querido Sir., mejor que nadie
comprenderá que es imposible encarcelar mi fantasía. Además, lo divino y
demoniaco de mi locura, me reconcilia con mi naturaleza, y me desdobla hacia lo
trascendente. Ante eso, entiendo que la respuesta más acertada sea el silencio.
No obstante, la palabra escrita, siempre será bienvenida y superará los
avatares de cualquier modernidad, por ser constancia independiente del viento.
Así le pido disculpas por no
haberle acompañado en la reunión acordada con nuestra sabia y encantadora
amiga, Armanda Sofía. Esperé de verás que disfrutaran, bailaran, y la pasaran
excelente, redimidos por la gracia sonora de Mozart. Aunque, penosamente deba
confesarle que este tiempo anduve en la "indigencia". Sí, pasando
penurias por unos gramos de azúcar, de harina...y pidiendo limosnas para pagar
mis impuestos. En rara hora, gracias a un Dios fortuito aseguré todos mis
bienes, y ya estoy más serena, aunque un poco devaluada como la moneda. Al
final, son vicisitudes de todos los días, gajes del oficio, dentro de los
cuales le he tenido en cuenta.
De hecho, justo ahora, requiero de otro tipo de suministros; su respiración, su risa, su mirada. Me urge acariciarlo, y que ese simple gesto esté colmado de lo que pienso. Quiero estar atrapada entre sus brazos, bajo su peso, sabiendo que otro lugar está el mundo ignorando que en el jardín de una casa grande, sobre una sábana fina, hay otro mundo gestándose. Quiero su olor y no el sólo recuerdo. Quiero mirarlo en plena noche mientras duerme y abrazarlo, porque esa sería la única manera de dormir, de descansar, y de estar segura que en pocas horas llegará un amanecer.
De allí que,
reunirnos me parece preciso, indispensable. No solo para realizar aquello que
nos concierne; repasar la maravillosa gramática del latín, ilustrarnos, leer
poesía y contemplar ofuscados la luna; sino para que se atreva "infantilmente, una vez más en el último
instante, al jugueteo de la superficie, a buscar las alegrías más fugaces, a
ser niño y bestia en la inocencia del sexo".
Sin mucho más que escribir, con todo mi
afecto, reciba un cordial y cálido abrazo. Espero verle el lunes, el jueves, quizás
el viernes, el otro fin de semana, o después...deseo verle.
P.s.:
Aquí le dejo el número del artefacto maligno que hay en mi hogar: 014-314-69-56
por si lo necesita…un beso.
(Anais Torres Suárez)

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